Barrio Haight Ashbury, San Francisco, 1966.
Mientras camina por las calles del barrio, rumbo a su encuentro semanal con su amigo Timothy, Joseph se pierde en un mundo surrealista, gracias a la dosis de LSD que ingirió hace un buen rato. Lentamente empieza la transformación, los edificios adquieren vida propia, él los siente respirar, los rostros que se cruzan a su paso se distorsionan en miles de formas y colores semejantes a máscaras que quizás sean sus verdaderos rostros, imágenes fantásticas surgen ante él, alternándose unas tras otras, abriéndose y cerrándose en círculos y espirales para después explotar en fuentes de color, y comenzar de nuevo, en un flujo incesante. Algunas veces, los automóviles se convierten en monstruos que desean devorarlo de un solo tajo, por lo cual huye a lo más seguro de los andenes.
Minutos más tarde, en la tranquilidad de un parque inicia su acostumbrada “tertulia” semanal con su amigo Timothy, defensor a ultranza de la Ilustración y estudiante de ciencias políticas, mientras que Joseph se declara un romántico empedernido y es estudiante de la facultad de filosofía.
Timothy expresa a su amigo que él considera el romanticismo como un período en el que un grupo de hombres desdeñaron la razón pura y el pensamiento crítico, sentaron sus bases sobre ensoñaciones, cuentos de hadas y civilizaciones que ya habían cumplido su ciclo histórico, además de una absurda búsqueda de libertad en un lugar en el que eran libres, por lo que anhelaban un mundo ideal que sólo podía existir en sus mentes.
Joseph aclara a su amigo que el romanticismo marcó un importante hito en la historia ya que fue una manera de sentir y concebir la naturaleza, la vida y el hombre de una manera distinta y particular en cada lugar, muy semejante a lo que se deseaba y vivía en las comunas hippies de su ciudad.
El romanticismo es para mí un modelo de identidad, pues era rebeldía, rechazo a los cánones establecidos, despreciaba el materialismo y preconizaba el amor libre. El idealismo extremo y exagerado que se perseguía en el Romanticismo encontraba con frecuencia un violento choque con la realidad miserable y materialista, tal como sucede a nuestro alrededor, además, allí la originalidad jugó un papel preponderante pues ya no se quiere imitar más a los clásicos.
Es más Timothy, estoy casi seguro que si en aquella época hubiesen conocido el LSD, probablemente el hippismo hubiese tenido sus raíces a finales del siglo XVIII. Los románticos también presintieron que la industrialización y la máquina no liberarían al hombre sino que lo esclavizaría de otras maneras, que la razón reduciría todo el conocimiento a lo comprobable, verificable y rentable y que esta reducción del mundo a lo puramente rentable y demostrable dejaría de lado los grandes espíritus que animaban el alma humana empobreciéndola. ¡Por esto me parecen grandes visionarios!
En aquel momento había una gran euforia en torno a la razón, pero los románticos empezaron a sospechar que esta razón no haría las almas más libres, por lo cual
se volcaron al espíritu dionisíaco al considerarlo el más profundo espíritu de la libertad.
En cambio, la Ilustración, con sus grandes avances sólo pensaba en el ser humano, pues todo giraba en torno a él, a la razón y la experiencia sensible y lo que ella no admitiera no podía ser creído. La tradición y el pasado son desdeñados por considerárselos signos de oscurantismo, bajo estas premisas fueron arrasadas culturas enteras por considerárselas inferiores o supersticiosas.
Hey, hey, hey, un momento -dice Timothy- todo aquello del romanticismo está muy bien como tu lo describes, pero te olvid
as que gran parte de los inventos y comodidades de las que ahora disfrutas no hubieran sido posibles sin el rigor que se dio a la ciencia a partir de entonces. En geografía se logra cartografiar todo el mundo, exceptuando los polos y algunas regiones de Africa, en física, óptica y matemáticas los avances fueron impresionantes gracias a las contribuciones de Newton, también surge la economía política, el mundo expande aún más sus fronteras y quizás lo más importante, la sociedad se seculariza y la noción de Dios y religión, empieza a perder, ya definitivamente, la importancia que en todos los órdenes había tenido hasta ese entonces. Ah, una cosa más, fue una época de enriquecimiento, lo que te permite ahora vivir en un país con gran calidad de vida.
Un automóvil pasa a gran velocidad dejando los acordes de un blues de Janes Joplin, lo cual los enfrasca en una nueva discusión sobre la música clásica.
¿Joseph, recuerdas quién se auto denominaba fonometrógrafo? veamos si escuchas algo más que blues y rock and roll.
Por supuesto que lo recuerdo, -replicó Joseph- era Eric Satie, y se denominaba así porque se consideraba más un medidor y escritor de sonidos que un músico. Poseía un espíritu pícaro y burlón que sirvió para que muchos de sus contemporáneos se lo tomaran a broma y no lo consideraran un buen músico. Por ejemplo, alguna publicidad de sus obras rezaba: "Hace ocho años que padezco un pólipo en la nariz, complicado con una afección de hígado y reuma. Tras escuchar les Ogives de Satie, se manifestó en mi estado de salud una notable mejora. Cuatro o cinco aplicaciones de la Tercera Gymnopédie han acabado de curarme completamente".
Y para rematar -acotó Timothy- en su pieza Vexations, pide al intérprete que repita 840 veces los 52 compases que integran la partitura ¡lo cual daría para unas 20 horas!, todo este tipo de cosas hacían que no fuera tomado demasiado en serio. No obstante, Claude Debussy lo definió como "músico medieval y dulce, perdido en este siglo". Y él mismo declaró: "He llegado a un mundo muy joven en un tiempo muy viejo".
Por supuesto suscitó profundas antipatías pero también pasiones muy honestas. En su tiempo no se le consideró un gran músico, pero no era ni mucho menos un desconocido. Se le tenía por un bicho raro, un humorista. Entre sus pocos amigos se encontraba lo más destacado de la época: Georges Braque, Picasso, Juan Gris, Debussy (que le hizo el honor de orquestar la tercera de sus Gymnopédies, única obra de otro autor que trabajó). Cuando su vida iba rumbo al deterioro patético, lo reivindicaron los dadaístas y lo menospreció André Bretón, que 30 años después de su muerte hizo acto de contrición escribiendo un texto en el que lo reivindicaba.
Satie no temía en absoluto el aburrimiento. El aburrimiento era algo profundo y misterioso. Aburrir le parecía un síntoma de buen gusto. Su misión consistía en preparar al oyente por medio del sonido: que el sonido se abriera al oyente mientras el músico se retiraba. Para conseguirlo era necesario el tedio hipnótico, la repetición mecánica, la melodía pobre, desprovista de toda implicación dramática al considerar que el sonido, como la palabra, exenta de significado para alcanzar la plenitud poética, se basta a sí mismo.
Joseph ¿no te parece que en eso se asemejaba a los Beatles en su mística búsqueda por las religiones orientales?
En efecto - contestó Timothy- la idea de Satie, al parecer, procedía de estas religiones, de los mantras budistas, que entonados una y otra vez conducen al despertar de la Kundalini, la burbuja que, aposentada en la base de la columna vertebral, contiene el secreto de la felicidad, por ello la insistencia en la repetición de sonidos. Hoy día, a Satie se le considera uno de los maestros indiscutibles de eso que nadie sabe definir bien pero a lo que todos denominan "new age".
Con un susupiro, Timothy evoca la gran influencia de París sobre el arte, a propósito de la música de Satie. París -dice- es la ciudad del arte por excelencia, los mejores han pasado por allí dejando huella o recibiendo influencias de otros artistas para explotar luego con nuevas tendencias, colores, matices, miles de tonalidades han poblado sus calles y desde allí han inundado el mundo con su carga de luminosidad.
Sabes Timothy, cuando estoy en uno de esos viajes que me brinda el LSD, siempre pienso en Picasso, por la cantidad de formas geométricas, el uso del color, la distorsión y las diferentes perspectivas que brindan sus cuadros.
Justamente Joseph, el cubismo fue un replanteamiento de la obra de arte, de las formas, de la perspectiva, el movimiento, el volumen, el espacio, el color, creando un nuevo lenguaje pictórico y estético que implicó una nueva relación entre el espectador y la obra de arte. El espectador ya no podía sencillamente contemplarla, sino que tenía que reconstruirla en su mente para poder comprenderla.
Ja, ja, ja, o sea que no estoy tan lejos de la realidad cuando visualizo sus cuadros en mis visiones surrealistas -señaló Joseph-, porque según lo que me dices el Cubismo es un arte mental, que se desliga completamente de la interpretación o semejanza con la naturaleza, la obra de arte tiene valor en sí misma, como medio de expresión de ideas.
Así es - asentó Timothy-, la desvinculación con la naturaleza se consigue a través de la descomposición de la figura en sus partes mínimas, en planos, que se estudian en sí mismos y no en la visión global de volumen. Así un objeto puede ser visto desde diferentes puntos de vista, rompiendo con la perspectiva convencional y con la línea de contorno. Con esta tendencia desaparecerán las gradaciones de luz y sombra y no se utilizarán los colores de la realidad, apareciendo en las representaciones el blanco y negro. Las formas geométricas (al igual que en tus visiones) invaden las composiciones. Las formas que se observan en la naturaleza se traducirán al lienzo de forma simplificada, en cubos, cilindros, esferas. A pesar de esto nunca cruzaron el umbral de lo abstracto, respetando siempre la forma y a pesar de que generan una total ruptura con todas las normas tradicionales de la pintura.
Por cierto, inquirió Joseph, ¿conoces la anécdota de Picasso y el viajero?
No - respondió Timothy-.
Te la cuento entonces -agregó Joseph_
Picasso era cada vez más famoso. Cierto día iba viajando en primera clase de Niza a Paris. En su mismo compartimento había un rico americano que era coleccionista de arte. El americano creyó haber reconocido al artista.
“Eh, ¿no es usted el Señor Pablo Picasso?”
“Sí”, dijo Picasso.
“Dígame”, dijo el coleccionista, “¿por qué no pinta usted a las personas tal y como son realmente?”
“¿Qué?”, dijo Picasso.
“¿Qué por qué no pinta usted a las personas tal como son realmente? Por ejemplo, si miro cualquiera de sus cuadros, sencillamente no es real. Pone usted el ojo en mitad de la frente, la nariz donde debería ir la oreja. Es sencillamente ridículo, además de totalmente equivocado. ¡No es real y no es arte!”
“No sé lo que quiere decir”, dijo el artista.
“El arte debería ser un reflejo de la vida, un espejo de la naturaleza y todo eso que dicen. Tiene usted que pintar las personas tal y como son realmente”.
“Sigo sin entender”, dijo Picasso.
“Muy bien, listillo, te voy a endeñar lo que quiero decir”. El americano cogió la cartera de su chaqueta, la abrió y sacó una fotografía. “Mire”, dijo el americano. “Esta es mi mujer tal y como es realmente”.
“Ah, ya entiendo”, dijo Picasso con un aire muy serio. “Su mujer es excesivamente flaca y mide alrededor de 10 cm”.
Ja, ja, ja, muy simpática, bueno amigo, es tarde y no quiero perderme el concierto de Grateful Dead, imagino que irás.
¡Por supuesto! exclamó Joseph, allí nos vemos.